La Política Distribuida De Los Rebeldes Del Presente: La .

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La política distribuida de los rebeldes delpresente: la acción en la era de la Web 2.0Documento de trabajo No. 4Benjamin Arditi ([email protected] )Agosto 2015Este documento fue realizado dentro del marco del proyecto PAPIIT IN 308313 “Política viral y redes:invención y experimentación desde el Magreb al #Yosoy132”, financiado por laDirección General de Asuntos del Personal Académico (DGAPA) de la UNAM ybasado en el Centro de Estudios Políticos de la Facultad de Ciencias Políticas ySociales, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Todos los derechosreservados 2015. Este documento puede ser reproducido con fines nolucrativos, siempre y cuando no se mutile, se cite la fuente completa y sudirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por escrito de la institución.

1IntroducciónInsurgencias como la Primavera Árabe, los indignados españoles del 15M, #YoSoy132 ymás recientemente las protestas por la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapa,México, pueden ser vistas como respuestas a crisis económicas y políticas, pero tambiéncomo síntomas de un desplazamiento en las maneras de ver, hacer y ser juntos. Algunosde los activistas que participan en estas insurgencias vienen de organizaciones sociales ysindicales, pero muchos de ellos son “desorganizados” que usan las redes sociales parareducir el costo de acceso a la esfera pública, socializar información y coordinar accionesen el ciberespacio o en las calles en tiempo real. Desconfían de los partidos y los políticosprofesionales. No es que éstos o las organizaciones y movimientos sociales se hayanvuelto obsoletos sino que otros modos de conectar a la gente entre sí adquieren fuerzapara coordinar acciones.Para pensadores como Antonio Negri y Michael Hardt (2012) así como Paolo Virno (2003)lo anterior es una constatación del surgimiento de la multitud, un sujeto político suigeneris dado que se define a sí mismo como un conjunto de singularidades que subsistencomo tales en la esfera pública sin generar un “uno” por encima de esas singularidades.Hay algo de esto en las insurgencias del presente, pero la idea de la multitud también seasocia con un éxodo del Estado y la representación política, además de que es renuente apensar el momento de negatividad de las oposiciones que generan bandos contrapuestosy figuras de lo “uno”. Mi lectura se desmarca de la de la multitud en la medida en que noexcluye las relaciones antagónicas entre colectivos de nosotros y ellos, y tampoco concibeal Estado o la conformación de un “uno” como lastre para una política transformadora. Ladenomino conectividad viral o distribuida, un modo de acción siempre impuro que semezcla con otros en un proceso de experimentación práctica sin fin. Florece en laintersección entre el espacio físico de calles, plazas e instituciones por un lado y, por elotro, el virtual de las redes sociales que sirven para convocar y coordinar accionescolectivas. Operamos ya en un escenario de acción multimodal en el que las redes son unfacilitador del cambio y no el sucedáneo o nuevo terreno en el que éste ocurre.Mi punto de partida para elaborar esta lectura del presente es una frase utilizada por elpresidente ecuatoriano Rafael Correa: “América Latina y el Ecuador no están viviendo unaépoca de cambios, están viviendo un verdadero cambio de época.” La frase sirve paraabrir una discusión acerca de cómo entender un cambio político y el sentido del mismo.Descarto la lectura jacobino-leninista de cambio como ruptura sin residuos (el esquema deinsurrección, derrocamiento y refundación total del orden) y opto por verlo como devenirotro de la política.En este devenir-otro se desplazan los mapas cognitivos a través de los cuales pensamos laacción colectiva. En vez de circunscribirla a partidos y movimientos, incluimos ahora acolectivos evanescentes o circunstanciales que generan espacio público e intentancambiar el statu quo. Las redes sociales son parte de esto. Funcionan como medio de

2organización para acceder a la esfera pública sin necesidad de contar con organizacionespre-existentes con reconocimiento jurídico o validación electoral. El devenir-otro nosarroja en un presente post-liberal, sólo que a diferencia de una visión jacobina, no concibeel convertirnos en otra cosa como un abandono de lo que estamos dejando de ser: elprefijo “post-” del escenario post-liberal no rompe con la representación política queheredamos de la democracia liberal sino que reconoce que la política se desenvuelve enun escenario más complejo que incluye pero transciende el marco liberal. Se experimentacon formas asamblearias de la democracia y con modos no electorales deempoderamiento sin abandonar a la ciudadanía electoral.El segundo tema que examino es el desplazamiento de la visión habitual de la gobernanza.Para la literatura, los socios del gobierno son actores ya constituidos y reconocidos: ONG,especialistas del mundo académico, grupos empresariales, etc. Pero el espaciomultimodal, esto es, físico y digital, incluye también a una gama de stakeholders o actoresinteresados que se hacen presentes en el espacio público a pesar de no contar con unaexistencia jurídico-política. Para usar un oxímoro, son agrupaciones o colectivos de gentedesorganizada. #YoSoy132 en México es un ejemplo de esto: se convirtió en interlocutorde los participantes en la campaña presidencial de 2012 a tal punto de ser anfitriones delprimer debate público entre 3 de los 4 candidatos. Hoy los stakeholders son tambiéncomunidades de acción transitorias que generan un esquema de gobernanza ad hoc.Luego analizo el impacto de las redes sociales sobre la política mediante un paralelo con eltrabajo de Marshall McLuhan sobre medios de comunicación: a las redes sociales lamáxima de que el medio es el mensaje le calza como anillo al dedo. Esto se debe a que laWeb 2.0 y los instrumentos de acceso a ellas han ido modificando nuestra manera decomunicarnos y articularnos entre nosotros. Son parte de nuestro “exocerebro”, untérmino que Roger Bartra usa para describir a un soporte simbólico externo.De ahí procedo a examinar cómo las redes abaratan el costo de acceso en la esferapública, aumentan la densidad comunicacional, reduce los riesgos personales de laparticipación, hace que la información circule a velocidades vertiginosas y que el esquemade acciones/respuestas sea igualmente veloz, sirve para empoderar para exigir rendiciónde cuentas de las autoridades y genera un lugar de enunciación política novedoso, el delespectactor. Este neologismo fue acuñado por Augusto Boal para repensar la relaciónentre actores y público en el teatro. Lo adapto para las acciones generadas a través de lasredes ya que en ellas los espectadores también actúan, subvirtiendo y redefiniendo laescisión entre quienes hacen y quienes observan.En las dos últimas secciones propongo un modelo para visualizar la manera en que seensamblan colectivos y cómo se comunican entre sí estos actores ad hoc que estánpoblando el escenario post-liberal de la política. Esto se puede desarrollar a partir delrizoma o sistema de entradas múltiples sin un centro fijo de Gilles Deleuze y Félix Guattari.Es la visión más filosófico-política de los colectivos evanescentes del presente. La multitud

3es básicamente un rizoma. Otra vertiente, que es la que uso aquí, es la noción decomunicación distribuida de Paul Baran. Como en los rizomas, la coordinación delconjunto no depende de un centro pues cada nodo funciona como unidad de comando ycontrol. Voy a introducir algunas modificaciones en el esquema de Baran para desarrollaruna imagen de pensamiento de la conectividad viral en las manifestaciones políticasrecientes. También me servirá para generar una figura de sociedad que no prescinde perotampoco depende de una topografía tradicional que distribuye actores y espacios deinteracción de acuerdo con la fórmula tripartita de Estado, sistema político y sociedadcivil. En vez de una topografía de niveles tendremos una cartografía de ámbitos de accióndiferenciados.Época de cambio versus cambio de época.En su discurso inaugural de enero de 2007 el presidente Rafael Correa usó una frase quecirculó por las redes sociales. Dice así: “América Latina y el Ecuador no están viviendo unaépoca de cambios, están viviendo un verdadero cambio de época.” La frase refleja laeuforia de una victoria electoral contundente que abría la posibilidad de cumplir con supromesa de refundar a la república a través de un proceso constituyente. También se lapuede interpretar a la luz de que Ecuador se sumaba al giro a la izquierda iniciado en 1998en Venezuela luego de la victoria electoral de Hugo Chávez y cimentado posteriormentepor las de Lula en Brasil y Evo Morales en Bolivia, para mencionar sólo algunos casos. Perola frase acerca del cambio de época adquirió resonancia internacional luego de que fueraretomada por académicos estadounidenses asociados con los estudios culturales,subalternos y post-coloniales. Walter Mignolo (2007) la usó como eje de un artículo sobreel rebasamiento de la distinción izquierda-derecha y lo que denomina “giro decolonial”.Arturo Escobar (2010) la retoma también en un extenso artículo sobre la izquierda, eldesarrollismo y el post-liberalismo.El cambio como devenir-otro, no como ruptura jacobino-leninistaTodo esto es muy sugerente, pero, ¿en qué radica la diferencia entre una época decambio y un cambio de época? Correa no lo dice. Deja que la fuerza evocativa de la frasehaga el trabajo de persuasión en la imaginación de su audiencia. Esto funciona bien en undiscurso político, pero los protocolos de una investigación exigen decir algo más alrespecto. El referente habitual es la visión jacobina del cambio entendido como unaruptura que hace tabla rasa con el pasado para reconfigurar el mundo. Pero las rupturasno son limpias, por lo que lo nuevo nunca resulta ser absolutamente novedoso. Comoseñala Jacques Derrida, “Los cortes se reinscriben siempre, fatalmente, en un viejo tejidoque hay que continuar destejiendo interminablemente. Esta interminabilidad no es unaccidente o una contingencia; es esencial, sistemática y teórica” (Derrida 1977: 33). Enotras palabras, no hay discontinuidades sin residuos. Todo proceso de cambio, no importacuán radical sea, siempre va a estar contaminado por aquello que quiere dejar atrás. Los

4franceses y los rusos intentaron refundar su sociedad mediante sendas revoluciones peroreprodujeron relaciones que pensaban que irían quedando por el camino.Hay otras maneras de pensar el cambio sin apelar al referente jacobino de unarefundación total. Por ejemplo, la noción de devenir-otro de Gilles Deleuze, quien ladesarrolla a partir de una distinción entre la analítica y lo actual. “En todo dispositivo”,dice, “debemos desenmarañar y distinguir las líneas del pasado reciente y las líneas delfuturo próximo, la parte del archivo y la parte de lo actual la parte de la analítica y laparte del diagnóstico” (Deleuze 1990: 160). La analítica es lo que somos y también lo queya estamos dejando de ser. Lo actual es aquello en lo que nos estamos convirtiendo (159160), nuestro devenir-otro, una otredad que no siempre tiene una figuración precisa yobviamente no tiene un punto de llegada preestablecido. Pero también es algo inminentepues ya está aquí. Como dice Deleuze, “No se trata de predecir, sino de estar atento a lodesconocido que llama a nuestra puerta” (160).A primera vista esto parece ser demasiado general dado que el devenir prácticamentedefine nuestra condición humana: siempre estamos dejando de ser lo que somos paraconvertirnos en otra cosa, aunque sólo sea como consecuencia del paso del tiempo. PeroDeleuze no habla del devenir en sentido genérico sino que pone en juego la distinción yrelación entre el presente y lo actual. Podemos verlo a través de imágenes de la política,comenzando por el presente o lo que somos, que muchos describen como liberal o liberaldemocrático. Esto se debe a que se suele considerar como político a lo que ocurre en elmarco de la ciudadanía electoral, la representación política y la relación entre gobierno yoposición. La evidencia es contundente: la gente vota, los partidos compiten por nuestraatención, los gobiernos cambian o continúan gracias a procesos electorales, los congresosy parlamentos se vuelven arenas de polémica y negociación de leyes y partidaspresupuestarias, y así por el estilo. Sin embargo, la política siempre rebasó el marco de laselecciones. Cuando el Estado liberal se consolidó a mediados del siglo XIX los campesinos,obreros y mujeres no eran considerados dignos de ser contados como ciudadanos, sea porlos temores de la clase dominante de perder su dominancia o por los prejuicios sexistas.La acción política de mujeres y trabajadores se desarrolló por fuera del sistema políticoliberal y cuando ingresaron en él lo hicieron gracias a sus luchas y no por la generosidad dequienes gobernaban. Por eso el Estado era liberal, pero no democrático, como bien dice C.B. Macpherson (1968: 18-20). Los ejemplos contemporáneos de una política por fuera dela representación electoral son los movimientos en torno a la igualdad de género, laerradicación del racismo y el combate a la homofobia, entre otros. La conclusión es que lapolítica liberal puede ser lo que somos, nuestro presente, pero también es lo que yahabíamos comenzado a dejar de ser desde que se consolidó el Estado liberal.En contraste con esto, lo actual o nuestro devenir-otro se refiere a aquello en lo que nosestamos convirtiendo, que se perfila como el surgimiento gradual de un escenariopostliberal. No lo digo porque la representación partidaria esté ausente de este escenario.No lo está: la gente sigue yendo a las urnas. Es más bien porque coexiste con otras formas

5de acción colectiva entre las cuales encontramos la comunicación y la conectividad viral odistribuida.Si aceptamos ver el cambio como devenir-otro, ¿cómo podríamos fechar su inicio oincluso afirmar que una transformación se halla en curso? ¿Hay alguna manera d