El Poder De Contar Y El Paraíso Perdido. Polémicas .

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COREMetadata, citation and similar papers at core.ac.ukProvided by Portal de Revistas Científicas ComplutensesEl poder de contar y el paraíso perdido.Polémicas públicas y construccióncolectiva de la memoria en EspañaThe Power of Narrating and the Lost Paradise.Public polemics and the collective building of the past in SpainSebastiaan FaberOberlin [email protected] Sánchez LeónUniversidad del País [email protected]ús Izquierdo MartínUniversidad Autónoma de [email protected]: 10.11.2010Aprobado definitivamente: 03.06.2011RESUMENDurante la pasada década se ha incrementado el interés de los medios de comunicación y de la sociedad civilespañola por la “memoria histórica”, interés que se ha puesto de manifiesto, entre otras cosas, en algunosdebates relacionados con el pasado reciente (1931-1981). En estos debates han participado historiadoresprofesionales y otros actores sociales, desde escritores y directores de cine a ciudadanos activistas. Elpresente ensayo analiza una de las interminables polémicas que tuvo lugar en la primavera de 2010 conel fin de destacar algunos problemas estructurales, especialmente la tendencia de parte de los creadoresde opinión —incluidos historiadores académicos que actúan como figuras mediáticas— a monopolizarel derecho de “contar el pasado” a partir de la ingenua reivindicación de que el conocimiento históricoprofesional procede de la verdad factual. La primera parte del ensayo aborda el papel de los historiadoresy la historia académica en los medios. La segunda analiza la posición etnocéntrica que adoptan algunosintelectuales liberales españoles cuando se enfrentan a la internacionalización de la justicia transicional.La tercera parte critica la manera en la que los “intelectuales mediáticos” en España impiden la discusiónverdaderamente democrática del pasado colectivo.Palabras clave: Memoria histórica, pasado reciente, conocimiento histórico, historiadores, intelectuales,medios de comunicación, ciudadanía, democracia.Política y Sociedad, 2011, Vol. 48 Núm. 3: 463-480http://dx.doi.org/10.5209/rev POSO.2011.v48.n3.36423463

Sebastiaan Faber, Pablo Sánchez León, Jesús Izquierdo MartínEl poder de contar y el paraíso perdidoABSTRACTThe past decade has seen an increasing interest on the part of the Spanish media and civil society in“historical memory”, marked, among other things, by a number of public debates on issues related to recentSpanish history (1931-1981). In these debates, academic historians have participated alongside other socialactors, ranging from writers and filmmakers to citizen activists. The following essay analyzes one suchdrawn-out polemic that took place in the spring of 2010, in order to point to a series of structural problems,particularly the tendency on the part of opinion makers —including academic historians writing as mediapersonalities— to monopolize the right to “tell the story of the past,” a claim based on a naïve invocationof scholarly historical knowledge as factual truth. The essay’s first part addresses the role of historians andacademic history in the media. The second part analyzes the ethnocentric position of some Spanish liberalintellectuals faced with the internationalization of transitional justice. The third part takes a critical lookat the way that Spain’s “media intellectuals” help to prevent a truly democratic mode of discussing thecollective past.Keywords: Historical Memory, Recent Past, Historical Knowledge, Historians, Intellectuals, Media,Citizenship, DemocracySUMARIO1. Historia, memoria, violencia: un debate a la española. 2. Usos y abusos en una batalla más por el poderde contar. 3. El supuesto de la excepcionalidad española en la era de la globalización. 4. Intelectualesmediáticos, historiadores y “memoria histórica”. 5. De paraísos e infiernos.464Política y Sociedad, 2011, Vol. 48 Núm. 3: 463-480

Sebastiaan Faber, Pablo Sánchez León, Jesús Izquierdo Martín1. HISTORIA, MEMORIA, VIOLENCIA:UN DEBATE A LA ESPAÑOLADesde hace al menos una década, los medios decomunicación españoles distribuyen informaciónbajo el membrete de “memoria histórica” y acogencon regularidad polémicas relacionadas con el pasado reciente, especialmente sobre los cincuenta añostranscurridos entre la proclamación de la SegundaRepública en 1931 y el intento de golpe de Estado de 1981, un período de creación y supresión dederechos ciudadanos jalonado de acontecimientostraumáticos. Violencia, historia y memoria del pasado reciente son en suma desde comienzos del siglo XXI temas de actualidad y controversia no sóloentre especialistas, sino también entre ciudadanosno versados en historiografía: prensa y programastelevisivos, así como páginas de Internet y blogs recogen opiniones y argumentaciones de especialistasuniversitarios junto con un elenco muy variado queincluye desde literatos y cineastas hasta militantesde organizaciones civiles, pasando por formadoresde opinión, líderes políticos y ciudadanos de a pie.Basta una breve ojeada a la ingente producciónde discurso público en torno a la memoria histórica de los últimos diez años para entender que, en lapráctica, la controversia se halla desde hace tiempofuera del control de las instituciones —académicasEl poder de contar y el paraíso perdidoy estatales— que se han solido arrogar el monopolio del poder de contar el pasado. No son en efectolos historiadores profesionales quienes marcan laslíneas de discusión pública; tampoco sus investigaciones establecen ya los consensos dominantes.Incluso es posible argumentar que las relaciones sehan invertido: en buena medida el mundo académico ha tenido que dar entrada a enfoques, reflexionesy relatos acerca de la historia y la memoria procedentes de la esfera de opinión pública.1 Contemplado así, cualquier intento de ofrecer un estado de lacuestión de las relaciones entre historia, memoria yviolencia en la España actual que no tenga en consideración las polémicas públicas produciría un mapaincompleto, distorsionado y engañoso de sus fuentesde inspiración y líneas de orientación dominantes.Ahora bien, esto no implica que exista un trasvase fluido de ida y vuelta entre las posturas y conclusiones de las polémicas públicas y los consensosintra-académicos en materia de historia, memoriay violencia. Más bien al contrario: en términos generales las polémicas sobre “memoria histórica”han producido más bien incomunicación, cuandono desencuentro, entre historiadores académicos yciudadanos motivados, afectados o movilizados, loque ha venido redundando en una notable escasez dediálogo y debate público sobre el conocimiento delpasado reciente.2 Por su parte, el estudio de la vio-1Entre 1996 y 1999, la iniciativa acerca de estos asuntos procedió del mundo académico, de lo cual son buena muestra lasobras de Aguilar (1996) y Juliá (1999). Sin embargo, coincidiendo con la publicación de la obra de Silva y Macías (2003), losflujos parecen haber cambiado de sentido. Un ejemplo pionero fue la divulgación mediática en 2002 del documental Els nensperduts del franquisme el cual, aunque contó con el asesoramiento del historiador Ricard Vinyes, no formó parte de los resultados de una línea de investigación académica preestablecida sino de la cooperación ad hoc entre Vinyes, una periodista (MontseArmengou) y un realizador de cine (Ricard Belis). Véase Vinyes, Armengou y Belis (2003). Seguimos en esto el esbozo de reconstrucción de Ruiz Torres (2007); véase además Juliá (2009). Siete años después, en 2009, la apertura por el juez Baltasar Garzónde diligencias para esclarecer las causas de la muerte de civiles inhumados en numerosas fosas a lo largo del territorio nacional,ha puesto de manifiesto que la iniciativa civil ajena al mundo académico se adentra ya incluso por territorios tradicionalmenteexclusivos de los expertos; en este caso, cuestionando los datos sobre víctimas de la guerra de 1936 recogidos en Juliá (1999).Por su parte, en el caso del llamado “revisionismo” representado por la obra de Pío Moa, la recepción académica ha sido extremadamente tardía. Compárense los años de publicación de los dos textos más divulgados de este autor (1999 y 2003), con los de obrascentradas en su crítica: Espinosa Maestre (2005), Reig Tapia (2006), Serna (2006-2007), y Moradiellos (2007). Los especialistas hanjustificado su desinterés tanto por este revisionismo cuanto por las evidencias y estimaciones acerca de las víctimas de la guerra argumentando que no proceden de historiadores profesionales o de datos de archivo. Véase, por ejemplo, Juliá (2003). La influencia de laspolémicas públicas sobre las relaciones entre profesionales es con todo notoria. Véase el duro intercambio de acusaciones y reprochesentre Santos Juliá, Francisco Espinosa, Pedro Ruiz Torres y los editores de Hispania Nova en el num. 7 de esa revista (http://www.hispanianova.rediris.es) en torno de una polémica sobre memoria y olvido de la violencia durante la transición2La frase sentenciadora de Santos Juliá —“la memoria es una cosa y la historia es otra”— refleja la opinión de toda una corrientede historiadores profesionales que desde el principio ha mostrado una actitud paternalista y desdeñosa cuando no hostil hacia lasmovilizaciones ciudadanas en relación con la recuperación del pasado traumático. Véase la entrevista de Leonor García a Juliá en lapágina web de la UNED (http://portal.uned.es/portal/page? pageid 93,540478& dad portal& schema PORTAL). Otras obras deJuliá que insisten en lo mismo son (2003, 2006 a y b), algunas de ellas ahora recogidas en Juliá (2010). Por el lado contrario del es-Política y Sociedad, 2011, Vol. 48 Núm. 3: 463-480465

Sebastiaan Faber, Pablo Sánchez León, Jesús Izquierdo Martínlencia de inspiración ideológica ejercida en el sigloXX sobre individuos o grupos civiles no ha figuradohasta hace poco entre las prioridades de los investigadores españoles, de manera que la producción académica no ha podido servir en este caso de referentepara vertebrar las polémicas públicas.3 A ello hayque añadir un importante rasgo del contexto institucional: entre los historiadores profesionales españoles, los debates razonados entre colegas académicos—por no decir entre estudiantes y profesores— nosuelen funcionar como instrumento de mejora y reorientación de las agendas de investigación (Castroy Martínez Bermejo, 2008). Al igual que otros anteriores, los intercambios públicos centrados en elpasado reciente se han venido topando, pues, conevidentes bloqueos en el terreno de la produccióny expansión del conocimiento, quedando marcadospor tendencias a la descalificación personal comoforma de interpelación del contrario intelectual, a laproducción de ortodoxia como fin de las diatribas y,en la práctica, a la infravaloración del diálogo comomedio indispensable para la construcción de consensos sobre el pasado y su conocimiento.Estamos, pues, ante un típico debate “a la española” cuyos rasgos se reproducen a ambos ladode la frontera entre el mundo académico y el público; podría pensarse entonces que carece de singularidad y por ende de interés. En el caso de lapolémica pública que vamos a analizar, no obstante,interviene un elemento específico que justifica suseguimiento como parte de los debates académicossobre historia, memoria y violencia: la doble condición encarnada en los últimos años por algunoshistoriadores como expertos profesionales, de unlado, y como formadores de opinión pública, deotro, normalmente desde la tribuna de medios decomunicación concretos (Faber, 2007). Esta dualidad de roles no debe confundirse con un mismotipo de intervención —en tanto que expertos— enEl poder de contar y el paraíso perdidoámbitos diferentes, unos académicos y otros no. Alcontrario: como intentaremos mostrar en lo que sigue, lo que revela es un divorcio entre la dedicaciónprofesional y una actividad pública a menudo ajenaa su especialización. Esta segunda dimensión converge con la que vienen desarrollando por su parteotros formadores de opinión —novelistas, cineastas, periodistas — que, sin ser historiadores profesionales, se dedican también a ofrecer sus juiciose interpretaciones sobre el pasado reciente. Pese alas diferencias de formación, recelos corporativos ydiscrepancias de opinión, la actuación de estos dosgrupos de intelectuales mediáticos produce todauna serie de efectos sobre la calidad de la culturapolítica democrática y el conocimiento sobre el pasado reciente de los ciudadanos españoles, efectosque merecen ser analizados críticamente.Este ensayo pretende poner de manifiesto algunos de los problemas que para los ciudadanos de unorden democrático pluralista suscitan las diatribasentre formadores de opinión —expertos o no— entemas relacionados con el pasado y su conocimiento. Como se tratará de mostrar, la gran mayoría delos intelectuales mediáticos se arrogan —no necesariamente de forma consciente— el derecho de “contar el pasado” a unos ciudadanos a los que tratancomo meros receptores pasivos de un conocimientoque aquellos se esfuerzan por presentar como objetivo, puramente factual y ajeno a todo prejuicio enrelación con el presente. Dicha actitud excluyentese manifiesta de forma especial cuando se abordanepisodios fuertemente marcados en la memoria colectiva por su elevado coste en términos de violenciay trauma.En lugar de contribuir a aumentar la concienciahistórica de los ciudadanos, en general los intelectuales mediáticos se emplean a fondo en descalificarse entre ellos, presentándose como poseedoresde la verdad histórica y vertiendo sobre el contrariopectro se situaría Ricard Vinyes (Vinyes, 2010), cuya representatividad dentro del cuerpo de historiadores españoles es con todo muyinferior a la de Juliá. Una postura intermedia aunque tampoco mayoritaria viene a estar representada por Julián Casanova (2007).3Esto no significa que no dispongamos de trabajos sobre violencia durante el pasado reciente hispano escritas en castellano u otraslenguas. No obstante, incluso entre los especialistas en vi