ALGO MÁS SOBRE EMOTIVIDAD VIOLENTA. REFLEXIONES

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ALGO MÁS SOBRE EMOTIVIDAD VIOLENTA.REFLEXIONES A LA LUZ DEL PRINCIPIO DE CULPABILIDAD.Por Daniel Alvarez Doyle1A mis padres, Diana y Pato.SUMARIO: 1. Consideraciones preliminares. 2. Objeto de estudio. 3. El principio de culpabilidad. 4. La“emoción violenta” en el derecho argentino. 4.1. Conceptos básicos. 4.2. Conformación tipológica. 4.3.Requisito necesario de violencia en la emoción. 4.4. Excusabilidad de la emoción. 4.5. Opinión deZaffaroni. 5. El “arrebato” en el derecho español. 5.1. Introducción. 5.2. Diferencias científicas entreemoción y pasión. 5.3. Estímulo provocador, causas “poderosas” y exigencias pretorianas. 6. La voz de laCiencia Médica. 6.1. Nociones generales. 6.2. Fases emotivas. 6.3. Etiología y sintomatología. 6.4.Tipología. 6.5. Frenos inhibitorios. 7. Aportes para la discusión. 8. Bibliografía.1. CONSIDERACIONES PRELIMINARES.A partir de la revolución francesa, el pensamiento ilustrado del siglo XVIII y comoconsecuencia de ello, el surgimiento del Estado Liberal de Derecho, tuvo lugar una nuevavisión del ejercicio del poder estatal, un cambio de paradigma en materia de derechos ylibertades y el nacimiento de un derecho penal, de la mano de Beccaria, más humanitarioy más justo, entendido como medio de control social del Estado y no como mecanismode terror social, característica propia del Antiguo Régimen2. En este sentido, lleva razónMuñoz Conde al señalar que “por lo menos a nivel teórico, el poder del Estado pasa a sercontrolado y limitado por los representantes elegidos por el pueblo y deja de ser unDerecho divino o derivado del más allá (Rey por la gracia de Dios)”3.Así las cosas, la soberanía se traslada al pueblo, los integrantes de la sociedaddejan de ser súbditos para ser considerados ciudadanos, el poder deja de ser absoluto y1Abogado por la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina). Ex-becario de grado por la Universidad deExtremadura (España). Diplomado en Ciencias Penales, Forenses y Penitenciarias (UDA). Actualmente esBecario de posgrado de la Universidad de Salamanca (España), cursando el Máster de Derecho penal dedicha casa de Altos Estudios. Es Becario de investigación y Profesor Adscripto de Derecho penal de laUniversidad Nacional de Cuyo. Es Profesor Adscripto de Derecho penal de la Universidad del Aconcagua(Argentina).2A este respecto ZÚÑIGA RODRÍGUEZ señala la relevancia de la obra de Beccaria “De los delitos y las penas”,considerándolo el verdadero padre de la política criminal. Bajo este razonamiento, entiende que “elpensador italiano logró sistematizar las exigencias centrales del pensamiento ilustrado vinculadas a laactividad de castigar que descansaba arbitrariamente en manos de los gobernantes”. Afirma que “el librode Beccaria fue una obra crítica, un cuestionamiento real al anterior funcionamiento del Derecho penal delAntiguo Régimen y un programa político criminal liberal de la actividad punitiva del Estado democrático”.ZÚÑIGA RODRÍGUEZ, Política Criminal, Ed. Colex, Madrid, 2001, pág. 70 y ss3MUÑOZ CONDE, Francisco / GARCÍA ARÁN, Mercedes, Derecho penal. Parte general, 9ª ed., Ed. Tirantlo Blanch, Valencia, 2015, pág. 75.

estar concentrado en una persona que lo ejercía sin límite alguno, y se abre camino a lapropuesta de Montesquieu, operándose la división de poderes (legislativo, ejecutivo yjudicial) sometidos al imperio de la ley. Como puede advertirse, lo apuntado no es undato baladí, sino que, por el contrario, implicó un giro copernicano en la forma deentender el Estado y sus instituciones.Años más tarde llegará el proceso de codificación. Así, a lo largo del siglo XIXtendrá lugar el auge de los Códigos penales liberales –consecuencia necesaria delprincipio de legalidad– diseñados bajo los postulados de la ilustración y de la línea trazadaprincipalmente por Beccaria. De tal forma, fue la escuela clásica la responsable de tannotable avance. Queda así configurado el Derecho penal del Estado liberal de Derecho,caracterizado por la presencia de garantías esenciales como el principio de legalidad(diseñado por Von Feuerbach), proporcionalidad, culpabilidad (responsabilidad penalindividual por el hecho propio a partir del pensamiento de Kant, principalmente) y lanoción de bien jurídico como límite dirigido al legislador (su delineamiento inicialcorresponde Birnbaum). En lo que respecta al delito, se produce una “laiquización” –separación tajante entre delito y pecado, confundidos en el Derecho penal del AntiguoRégimen– de los comportamientos considerados delictivos, y en cuanto a lasconsecuencias jurídicas por el hecho delictivo, tiene lugar un proceso de humanizaciónde las penas quedando atrás, por tanto, la pena de muerte y los castigos corporales, dandopaso a la partida de nacimiento de la pena privativa de libertad como protagonista de lareacción estatal. De esta manera quedaron sentadas las bases para la llegada delpositivismo jurídico a través de sus dos grandes corrientes: el positivismo jurídicosociológico de Von Liszt y el positivismo jurídico-normativista de Binding. Su principalaporte gira en torno a la elaboración del pensamiento dogmático y más precisamente, a laconstrucción de lo que hoy conocemos como teoría del delito, por medio del métodoempírico con base en el derecho vigente como objeto estable.Bajo este esquema, cobran vida los llamados límites al Ius Puniendi, quepodríamos definirlos como una serie de principios –generalmente contemplados en lasconstituciones y tratados internacionales– cuyo fundamento es la dignidad y la libertadde la persona, que condicionan la aplicación de una pena a un individuo, incidiendo tantoen el ámbito de la creación de la conducta delictiva, como en la etapa de juzgamiento yejecución, y cuyo fin inmediato es evitar la arbitrariedad y el exceso por parte del Estadoen el ejercicio de su facultad de castigar4.4Conviene aclarar que la llegada del Estado de Bienestar impone el reconocimiento y las correspondientesgarantías de determinados derechos dentro del campo legal, lo que en materia penal se traducirá en lanecesidad de tutela de nuevos bienes jurídicos de carácter social o colectivo. Por otro lado, e íntimamenterelacionado con lo anterior, el ordenamiento jurídico va a dar respuestas a los nuevos riesgos que planteala sociedad actual por medio de la huida al Derecho penal, quedando atrás, en efecto, los principios deúltima ratio y mínima intervención y el carácter fragmentario o subsidiario de aquel mecanismo punitivo.Bajo este esquema, una corriente de pensamiento entiende que el Derecho penal Liberal con todas susgarantías y límites a la facultad de castigar debe ceder ante los nuevos retos que plantea la sociedad denuestros días. En efecto, entienden que aquel derecho penal que vio la luz en el siglo XIX –como así tambiénla dogmática diseñada a partir de los Códigos de aquella época– resulta “ineficaz” para hacer frente a losnuevos riesgos con aptitud para producir, en algunos casos, posibles catástrofes masivas e incalculablesprovenientes de la propia acción humana. Así, se alude a las nuevas formas de criminalidad violenta comoel terrorismo y la criminalidad organizada que traspasan las fronteras de los Estados, la corrupción, losdaños generados al medio ambiente, la utilización de nuevas tecnologías en la actividad delictiva

2. OBJETO DE ESTUDIO.Resulta innegable la trascendencia de las circunstancias atenuantes y agravantesen la determinación del alcance de la responsabilidad penal, y en concreto en laindividualización de la pena. Desde la perspectiva de la parte más débil del proceso penal–el imputado– importan principalmente las primeras, ya que de su correcta interpretacióny aplicación, dependerá el tiempo de privación de uno de los derechos humanosfundamentales, la libertad.Así las cosas, este trabajo tiene por objeto el estudio de una de las proyeccionesdel principio de la culpabilidad sobre el ordenamiento penal –nos referimos a la categoríadogmática de la culpabilidad– en lo que respecta a la regulación, por parte del legislador,de algunas circunstancias atenuantes en las cuales aquella cumple un papel fundamental,permitiendo a los jueces aplicar una pena menor con base en la disminución de lacapacidad motivadora del autor al momento de la comisión del hecho delictivo.Bajo ese esquema de análisis y ponderando que se trata de un tema pocoexplorado, quizá debido a la naturaleza no estrictamente jurídica del mismo, a la vezíntimamente relacionado con otras disciplinas como la psicología y la psiquiatría forense,consideramos oportuno referir acerca de los estados psíquicos o fenómenos humanos deemoción violenta –así denominado en el derecho argentino– y arrebato –términoempleado por el Código Penal Español–A este respecto, remarca el psiquiatra Vicente Cabello que: “Se impone aluniversitario de nuestros días una noble tarea: investigar, tanto en el área de la patologíamental como en las raíces mismas del fenómeno delictivo. Misión ardua y difícil porquese ponen en contacto el pensamiento cultural-normativo, propio de las ciencias jurídicas,y el pensamiento causal-explicativo, como es el psiquiátrico". Y agrega que “el temaofrece dificultades porque la emoción violenta – o arrebato en el Derecho español-, esfuente inagotable de polémica y disonancias, muchas de ellas originadas en eldesconocimiento de las bases neuro-biológicas y etiopatogénicas de dichos cuadros”5.Puesto que el Derecho penal suele poner su acento en la determinación de lossupuestos de hecho prohibidos y sus consecuencias jurídicas, dejando de lado algunas(cibercriminalidad), la tecnología genética, las alteraciones en la fabricación de alimentos y los delitoscontra el orden económico y financiero, más precisamente la criminalidad económica internacional. Amodo de síntesis, afirman que la realidad actual ha superado al clásico régimen penal imponiéndose, juntoa aquel, una nueva visión del Derecho penal, caracterizado no solo por el aumento de los comportamientosconsiderados delictivos y la dureza de sus consecuencias jurídicas, sino también por variacionesconsiderables –flexibilización– en el ámbito de las garantías, los criterios de imputación y las reglasprocesales. Para un análisis en profundidad sobre el tema, véase por todos, BECK, Ulrich, La sociedad delriesgo. Hacia una nueva modernidad, (trad. NAVARRO, JORGE y otros), Ed. Paidós, Barcelona, 2001; SILVASANCHEZ, Jesús María, La expansión del derecho penal. Aspectos de la política criminal en las sociedadespostindustriales, Ed. B de F, Buenos Aires/Montevideo, 2006; HASSEMER, Winfried - MUÑOZ CONDE,Francisco, La responsabilidad por el producto en derecho penal, Ed. Tirant lo Blanch, Valencia, 1995;BERDUGO GÓMEZ DE LA TORRE, Ignacio, Viejo y nuevo derecho penal. Principios y desafíos del derechopenal de hoy, Ed. Iustel, Madrid, 2012; PÉREZ CEPEDA, Ana Isabel, La seguridad como fundamento de laderiva del derecho penal postmoderno, Ed. Iustel, Madrid, 2007; SANZ MULAS, Nieves, Política criminal,Ed. Ratio legis, Salamanca, 2016; ZÚÑIGA RODRIGUEZ, Laura, Política Criminal, Ed. Colex, Madrid, 2001.5CABELLO, Vicente P., Psiquiatría forense en el Derecho Penal, Ed. Hammurabi, Buenos Aires, 2005,prologo.

veces al ser humano, consideramos de suma importancia centrar la atención en la personapara hacer de este mundo un lugar mejor. Más aun, resulta sumamente necesario para laciencia penal toda, y sus operadores –abogados, jueces, fiscales, profesores, etc.– laexpansión de un conocimiento multidisciplinario y por tanto, abarcativo de la psiquiatríaforense.En honor a la síntesis, haremos un sobrevuelo por el principio de culpabilidad ysus expresiones sobe el Derecho penal –principalmente sobre la ya señalada que es la queaquí nos interesa– procurando una convivencia armónica entre dogmática y psiquiatría,para cuyo fin acudimos al método comparativo incluyendo la legislación de Iberoamérica,aportando una posición crítica de algunos modelos normativos, que sin duda constituyeel eje central de este trabajo.3. EL PRINCIPIO DE CULPABILIDADComo primera aproximación, podemos decir que desde hace tiempo y hastanuestros días, tanto el concepto como el contenido de este principio están en permanentediscusión. Bajo esta lógica, nos limitaremos a desarrollar aspectos generales, sin entraren confusiones o polémicas estériles que, por cierto, excederían el objeto de este trabajo.Se advierte además que se trata de un principio limitador del poder punitivo del Estadoque, como veremos a continuación, tiene múltiples proyecciones sobre el ordenamientopenal.Así las cosas, se podría decir que el origen –aunque cabe aclarar, no con el nombrey el contenido que se le asigna en la actualidad– del principio que nos disponemos a trataraquí, lo hallamos en el pensamiento ilustrado del siglo XVIII, viendo la luz de la manode Kant. Sin duda, su teoría retribucionista de la pena supuso, en aquel momento dondeimperaba el terror penal, un avance de relevancia en materia de derechos y garantías y laimposición de un freno al ejercicio, sin límite alguno, del poder punitivo del AntiguoRégimen6. Por tanto, queda perfilada la responsabilidad por el hecho y más precisamente,que cada persona debe responder individualmente por los hechos realizados por ellamisma, siendo desplazada la responsabilidad por el hecho ajeno. Por otro lado, seestablece un baremo por medio del cual la pena (imposición de un mal) aparece como unacompensación por el mal causado, de manera que no podía ir más allá de aquel,imponiéndose la noción de proporcionalidad.En cuanto a su positivización en el ordenamiento jurídico argentino, el principiode culpabilidad no está redactado en forma expresa en la Constitución Argentina, sinembargo, él puede derivarse del principio de legalidad. Así, se ha señalado que “el6En este orden de ideas, enseña Berdugo Gómez de la Torre que “uno de los límites a la respuesta penal esdesarrollada por Kant, tomando como punto de partida la creencia en la libertad y la dignidad del hombre,que justifica su responsabilidad por la realización de