Libro 1 De La Serie Los Cedros Resonantes De Rusia .

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Libro 1 de la Serie Los cedros Resonantes de Rusia, Anastasia, del autor VladimirMegré, traducido del idioma original ruso al español por Iryna O Hara ycorregido y editado por Rocío Madreselva.IEL CEDRO RESONANTEEn la primavera del año 1994 fleté tres embarcaciones fluviales en las cuales realicéuna expedición de ida y vuelta de cuatro meses a lo largo del río Ob1, desde Novosibirskhasta Salejard. El objetivo de esta expedición era establecer vínculos económicos conlas regiones del Lejano Norte.La expedición se llamaba “La Caravana de los Mercaderes”. La más grande de lasembarcaciones era un buque de pasajeros llamado “Patricio Lumumba”. (En laCompañía Naviera Fluvial de Siberia Occidental los barcos tienen nombres interesantes:“Maríya Ulyánova”, “Patricio Lumumba”, “Mijail Kalínin”, como si no existieran otraspersonalidades históricas)2. En el barco “Patricio Lumumba” fueron ubicados el estadomayor de la caravana, una exposición donde los empresarios siberianos podían exhibirsus productos y una tienda.La caravana debía recorrer, rumbo al norte, tres mil quinientos kilómetros y visitarpoblaciones relativamente grandes tales como Tomsk, Nizhnevártovsk, Jantý-Mansiysky Salejard, así como otros pequeños, a los cuales sólo se puede llegar con carga en loscortos períodos de navegación.Por el día, los buques de la caravana atracaban en los poblados, dondecomerciábamos y llevábamos a cabo conversaciones sobre el establecimiento devínculos económicos permanentes. Avanzábamos fundamentalmente por la noche. Ycuando las condiciones meteorológicas no nos permitían avanzar por el río, atracábamosel barco de la directiva de la expedición en el poblado más cercano, dondeorganizábamos fiestas a bordo para la juventud local. En aquellos parajes, semejantes1El río Ob está situado en la Siberia Occidental de Rusia. Tiene una longitud de unos 5.410 Km., siendoel más largo del país y el segundo más largo de Asia. Nace en los montes Altai (en Asia central) ydesemboca en el Océano Ártico. El área de la cuenca alcanza los 2,99 millones de kilómetros cuadrados,la mayor de Rusia.2Durante la existencia de la URSS, la época de la construcción del comunismo, los nombres se dabanprincipalmente en honor a los héroes del comunismo. Maríya Alexándrovna Ulyánova (1835-1916),madre de Vladimir Lénin, fundador de la Unión Soviética, y Maríya Ilyínichna Ulyánova (1878-1937),hermana de Lénin; Patricio Emery Lumumba (1925-1961), primer Jefe de Gobierno de la RepúblicaDemocrática del Congo, el agente del comunismo internacional. Mijail Ivánovich Kalínin (1875-1945),luchó por la implantación del poder soviético en Rusia. Se considera el primer presidente soviético.11

actividades eran cosa rara. Los Clubes y las Casas de cultura3 habían enmohecido enlos últimos tiempos y casi no se llevaban a cabo actividades culturales.A veces, en el transcurso de un día entero con su noche navegando no se encontrabani siquiera un pequeño poblado. Desde el río –arteria fluvial y único medio detransporte en muchos kilómetros a la redonda– sólo se podía divisar la inmensa taiga 4 .Entonces, resultaba para mí aún ignoto, que en alguna parte de esa inmensidad debosque, me esperaba un encuentro que cambiaría mi vida por completo. .En una ocasión, cuando ya retornábamos a Novosibirsk, di instrucciones de atracar elbuque de mando a la orilla de un minúsculo poblado compuesto por varias casaspequeñas que se encontraba decenas de kilómetros alejado de los grandes poblados. Laestancia fue planificada para tres horas a fin de que la tripulación del buque pudieraandar un poco por tierra, los habitantes del lugar adquiriesen nuestras mercancías yproductos, y nosotros les comprásemos a ellos, a precios bien baratos, plantas y frutossilvestres de la taiga y también pescado.Durante la parada se acercaron a mí, como jefe de la expedición, dos ancianoslugareños, según los juzgué entonces, quienes me hicieron una petición que me resultóbastante extraña. Uno de los ancianos era de edad más avanzada y el otro algo másjoven. El de mayor edad, un viejo con una larga barba blanca, se mantenía todo eltiempo en silencio, dejando hablar al más joven. Trataba de convencerme para quepusiera a su disposición unos cincuenta hombres (la tripulación del barco estabacompuesta por un total de 65) para llevarlos a un punto de la taiga, distante unosveinticinco kilómetros del lugar donde nos encontrábamos. El objetivo de internarse enlas profundidades de la taiga era cortar un árbol al que calificaba como cedro5resonante. El cedro, que según dijo, había alcanzado una altura de 40 metros, debía serseccionado en partes pequeñas que pudieran ser transportadas a mano hasta el barco.Debíamos llevarnos, según decía, absolutamente todo.El anciano sugería cortar cada parte en trozos bien diminutos. Cada uno de nosotrosdebía tomar uno y regalar los restantes a parientes, conocidos y a todo aquel que deseararecibirlos como regalo. El viejo decía que aquel cedro era algo extraordinario. Que sedebía llevar un trocito en un cordón, colgado sobre el pecho y además, que había queponérselo estando descalzo sobre la hierba y apretarlo con la palma de la manoizquierda sobre el pecho descubierto. Afirmaba que pasado un minuto, se sentiría uncalor agradable irradiado por el cedro y luego se experimentaría un ligeroestremecimiento recorriendo todo el cuerpo. De vez en cuando, al surgir el deseo, se3Los Clubes y Casas de cultura: instituciones del Ministerio de Cultura de la URSS. Eran los centrosdesde donde se organizaba tanto el ocio cultural de la población, como ciertos trabajos dirigidos a laeducación comunista. Solían tener salas de espectáculos, aparatos de proyección, pantallas de cine ybibliotecas. Allí se organizaban exhibiciones, conferencias, encuentros con personas innovadoras en elcampo de la industria, escritores, compositores, pintores, se celebraban bailes y fiestas, se organizaban loscoros, conjuntos de canto y baile, círculos teatrales, y más. En el último periodo de existencia de la URSSy después de su desintegración en 1991, la financiación de éstos se redujo hasta el mínimo.4La taiga o bosque boreal es un ecosistema caracterizado por sus formaciones boscosas. La vegetaciónestá compuesta en su mayor parte de coníferas, abetos, pinos, alerces y abedules. Entre la fauna, destacananimales como alces, bisontes, lobos, osos, martas, linces, ardillas, marmotas, castores, venados. Todosson resistentes al frío, y muchos de ellos hibernan. Su subsuelo está helado, siendo la temperatura mediade 19 C en verano, y -30 C en invierno. El promedio anual de precipitaciones alcanza los 450 mm3.Geográficamente se sitúan al norte de Rusia y en Siberia. También al norte de Canadá.5El cedro (en ruso kedr). Se trata del árbol que la nomenclatura botánica denomina Pinus Sibirica (pinosiberiano), y que en Rusia se ha llamado “cedro” desde antes de dicha nomenclatura latina, algodemostrado por las definiciones de cedro en los diccionarios rusos y por la aparición del término entextos literarios para referirse a los árboles de la taiga que dan piñones. Ver en la sección Notasampliadas, al final del libro.22

debía pulir suavemente, con las yemas de los dedos, la parte del trocito de cedro que noestá en contacto con el cuerpo, apoyando el otro extremo en los dedos pulgares de lasmanos. El anciano aseveraba, plenamente convencido, que ya a los tres meses, lapersona que llevara en su pecho el trocito de cedro resonante experimentaría unmejoramiento sustancial de su estado de salud y de ánimo y se habría curado de muchasenfermedades.—¿Incluso del SIDA? ―pregunté, habiéndole dado antes una breve explicación sobreesta enfermedad, según lo que yo conocía a través de la prensa. Y él respondió confirmeza:—¡De cualquier enfermedad!Pero esto, en su opinión, era una tarea fácil. Lo más importante consistía en que lapersona que poseyera este pedazo de cedro se haría más bondadosa, sería másafortunada y tendría más talento.Yo ya sabía algo sobre las propiedades curativas del cedro de nuestra taiga, pero deahí a que éste pudiera influir en los sentimientos y en las capacidades de las personas,en aquel momento me pareció algo completamente inverosímil. Pensé que lo que estosancianos querían de mí, era dinero a cambio de ese cedro que ellos considerabanextraordinario. Y comencé a explicarles que ahí fuera, “en el gran mundo”, las mujeres,para resultar atractivas, suelen llevar joyas de oro y de plata y que no iban a pagar ni unrublo por un simple trozo de madera, por lo que yo no estaba dispuesto a incurrir enningún tipo de gasto por algo así.—Las llevan por desconocimiento —se escuchó como respuesta del anciano—. El oroes polvo en comparación con un trozo de este cedro. Mas no queremos dinero alguno.Podemos daros setas secas también, pero nosotros no necesitamos nada.Sin entrar en discusión por respeto a sus años, dije:—Bueno, es posible que alguien se ponga uno de sus colgantes de cedro. Lo haríansi un gran maestro del tallado quisiera poner sus manos en él y creara algoextraordinariamente bello.A lo que el viejo respondió:—Si, se podría tallar, pero es mejor pulirlo. Resultará mucho mejor si lo pule unomismo con sus dedos, en el momento en que su alma se lo pida, entonces el cedrotendrá también un aspecto bello.En ese momento, el viejo que era “más joven”, se desabrochó rápidamente la viejacazadora, luego la camisa, y mostró lo que llevaba en el pecho. Lo que vi era un óvalo ocírculo combado. Sus diferentes colores –violeta, frambuesa, rojizo.– configuraban undibujo incomprensible donde las vetas del árbol semejaban riachuelos. No soy un granconocedor de obras de arte, aunque de vez en cuando he tenido la ocasión de visitargalerías de pintura. Los mejores artistas del mundo no solían despertar emocionesespeciales en mí, pero aquello que colgaba del pecho del anciano suscitó muchos mássentimientos y emociones que una visita a la Galería Tretyakov6. Y le pregunté:—¿Y cuántos años lleva usted puliendo su trozo de cedro?—Noventa y tres —contestó el viejo.—¿Y qué edad tiene usted?—Ciento diecinueve.En aquel momento no le creí, pues el anciano aparentaba tener unos setenta y cincoaños. Sin advertir mis dudas, o sin prestarles atención, el viejo, algo inquieto, trataba deconvencerme de que un trozo de cedro, pulido únicamente por los dedos de la propia6Galería Tretyakov: museo de arte, ubicado en Moscú. Sus fondos –más de 100.000 obras de pintura,grabado y escultura– proporcionan una amplia panorámica del arte ruso desde el siglo XI al siglo XX y laconvierten en una de las principales instituciones artísticas de Rusia.33

persona, también luciría bello en sólo tres años. Y después, cada día que pasara se veríaaún mejor, particularmente el que usan las mujeres. El cuerpo de su dueño desprenderíaun aroma sumamente grato y beneficioso, que nunca podría compararse con ningúnperfume producido artificialmente por el ser humano.De hecho, de los dos ancianos emanaba, ciertamente, un olor muy agradable. Mepercaté de ello a pesar de que fumo, y, seguramente, como todos los fumadores, tengo elsentido del olfato un poco atrofiado.Otra cosa me resultaba también extraña. Comencé a notar en su forma de hablar,frases que no eran propias de los habitantes de esta zona del norte tan apartada. Todavíahoy puedo recordar algunas de ellas, incluso con la entonación que le daba. El viejo medijo cosas como:Dios creó el cedro como acumulador de las energías del Cosmos.Cuando una persona se encuentra en estado de amor, desprende una irradiación que,en fracciones de segundo, es reflejada en los planetas que están sobre nosotros, rebotanuevamente a la Tierra y da vida a todos los seres vivientes.El Sol es uno de esos planetas, pero tan sólo refleja una pequeña parte de estairradiación.De las irradiaciones emitidas por el ser humano en la Tierra, sólo las luminosaspueden elevarse hacia el Cosmos. Y a su vez, sólo los rayos beneficiosos retornan desdeel Cosmos a la Tierra.Cuando una persona se encuentra en un estado de sentimientos malévolos, emite unairradiación oscura. Esta irradiación oscura no puede elevarse a las alturas y va a parar alas profundidades de la Tierra, y después de rebotar contra el subsuelo, regresa a lasuperficie en forma de erupciones volcánicas, terremotos, guerras.El logro culminante de esa irradiación oscura es la influencia de esos rayos, queexacerban los sentimientos malignos en la persona que los originó.El cedro vive quinientos cincuenta años. Con sus millones de hojas-agujas, capta yacumula en sí, noche y día, energía luminosa en todo su espectro 7. Durante la vida deun cedro pasan sobre él todos los cuerpos celestes que reflejan la energía luminosa.Hasta el trocito más pequeño de cedro, tiene más energía beneficiosa para el hombreque todas las instalaciones energéticas de la Tierra, creadas por su mano, juntas.El cedro recoge la energía que, procedente del Hombre8, emite el Cosmos, laconserva y, en el momento necesario, la devuelve, precisamente cuando ésta resultainsuficiente en el Cosmos, o lo que es lo mismo, en el ser humano, en todo organismoque vive y crece en la Tierra.Muy raras veces se encuentran cedros que absorban y no tengan la oportunidad dedevolver la energía acumulada. Al transcurrir quinientos años de vida, éstos comienzana resonar. De esta forma, hablan con su sonido silencioso, transmitiendo su señal a laspersonas, para que la gente los tome, los corte y utilice su energía acumulada en laTierra. Es así como el cedro pide con su sonido. Durante tres años pide. y si duranteese período no es contactado por ninguna persona viva, privado de la posibilidad de7De hecho los árboles captan una amplia gama de radiación más allá de la luz visible. Las antenashumanas no son más que una imitación del entramado de ramaje de los árboles. Tanto la estructura de losárboles como el material de que están compuestos se convierten en receptores de ondas naturales. Lasavia de los árboles es un gran conductor de electricidad (es